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Vista frontal de tres actores y tres actrices de la obra Cáscaras vacías sentados en un banco corrido.

Cáscaras vacías

sábado, 30 de junio, 2018

Cuando se trabaja desde la diversidad y se integran criterios del diseño para todos desde el cimiento de un proyecto, surgen proyectos maravillosos. Éste es el caso de la obra de teatro “Cáscaras Vacías”.

La obra se sitúa en la operación T4 durante el régimen Nazi. Se llamaba así al programa de eutanasia destinado a eliminar a personas con alguna discapacidad, ya que éstas se consideraban vidas indignas de ser vividas, cáscaras vacías. Entre 1939 y 1945 se asesinaron a más de 200.000 personas, entre ellas, miles eran niños.

Las directoras de la obra, Magda Labarga y Laia Ripoll, basándose en cartas, datos y documentación histórica, nos sumergen en una escalofriante, fría y blanca sala del Castillo de Hartheim, uno de los seis lugares donde se llevaba a cabo esta matanza a manos de personal sanitario y militar.

La habitación tiene una iluminación muy tenue. En ella, hay únicamente un banco, un montón de ropa a un lado y en una esquina una gran puerta. El estruendo que hace la puerta cada vez que se cierra es realmente escalofriante. Por ella, a empujones van apareciendo cada uno de los seis personajes, aterrorizados, perdidos y desesperados. Y  no es para menos, ya que por su discapacidad les han llevado a la fuerza, encerrado y les espera ser gaseados. Esta terrible historia se funde con momentos de ironía y del Cabaret de la época.

La obra es durísima y brillante. Los actores en varios momentos conectan con el público; te miran, te hablan, te susurran, te hacen preguntas que hacen que tú también estés allí con ellos, eres parte de la historia.

Sin duda, consigue sacudirnos y que reflexionemos sobre la situación actual de las personas con discapacidad. ¿Cómo trata nuestra sociedad a este colectivo? O mejor aún, ¿cómo afrontamos esta situación nosotros mismos?

El resultado es espectacular y, en mi opinión, todos deberíamos verla. Pero lo mejor de Cáscaras no es el resultado maravilloso, sino el proceso que hay por detrás y del que tanto tenemos que aprender.

Una mirada diferente

La semilla de “Cáscaras vacías” se planta en  “Una mirada diferente”.

En el año 2013, nace el proyecto “Una mirada diferente” de la mano de Miguel Cuerdo e Inés Enciso. En este proyecto se hace una reflexión en torno a la discapacidad en la cultura.

Se trabaja durante el año en talleres inclusivos, formados por equipos en los que participan personas con distintas capacidades y discapacidades. El proyecto culmina, cada año, con un festival que lleva el mismo nombre en el centro Dramático Nacional.

Gracias a este evento, cada año más personas cambian su manera de mirar.

Los creadores del festival afirman que  “el contacto directo con la diferencia es la mejor manera de romper miedos y prejuicios en torno a la discapacidad y el mejor estímulo para que los profesionales incluyan a creadores con discapacidad en sus proyectos”.

Las directoras de Cáscaras, Magda Labarga y Laia Ripoll, asistieron a un taller de la tercera edición y en él coincidieron también con algunos de los que serían actores de Cáscaras. Es en ese grupo de trabajo dónde se planta la semillita de Cáscaras Vacías.

Diversidad

Cáscaras tiene muchos puntos fuertes pero, sin duda, sus actores son el corazón de este proyecto. 

La obra habla del exterminio de personas por su discapacidad y, por supuesto, nadie mejor que ellos mismos podría hacer este papel.

Gracias a esta acertada elección, por un lado, se consigue dar visibilidad a las capacidades de estos grandes actores.

Por otro lado, al ser un grupo tan heterogéneo, desarrollan conjuntamente una obra más accesible desde todos los puntos de vista.

El aporte de la diversidad desde dentro del proyecto marca una gran diferencia en el resultado del proyecto y su accesibilidad. Además es contagioso, ayuda a que más personas miren con otros ojos la diversidad.

Raúl y el oso

Cuando se creó el grupo de actores y comenzaron, sólo existía el principio y el fin de la obra, el resto se fue tejiendo colectivamente, con las aportaciones y adaptaciones de cada uno.

Os voy a contar una anécdota que a mí me llegó al alma.

La obra, como podéis imaginar tras la descripción inicial, es durísima. En ella hay momentos muy angustiosos en los que puedes sentir como un puñal el llanto y los gritos. Uno de los actores, Raúl Aguirre, sentía esto mismo, pero él, por más que ensayasen, no podía soportar tanto sufrimiento. Raúl, un día, preguntó a las directoras si podía llevar su osito de peluche con él, ya que en momentos difíciles le haría sentir mejor.

Imaginad en cualquier contexto cuál habría sido la respuesta.

En este caso, el osito, no sólo acompañó a Raúl, sino que pasó a ser protagonista de la historia, además del rey en algunos de los carteles y publicidad de la obra.

Me parece un punto precioso y sobre el que también es importante reflexionar.

El ser flexibles en nuestros diseños y adaptarnos a las distintas necesidades, hace que obtengamos un mejor resultado.

La belleza de lo accesible

La obra, como ya he comentado, es un ejemplo extraordinario de diseño para todas las personas. Es una obra que se genera de manera accesible “sin prótesis”.

La audiodescripción y la lengua de signos están integradas en la obra, en la propia actuación.

En momentos de silencio y tensión de la obra, Paul (Raúl Águirre) va describiendo a su osito lo que está pasando.

Por otro lado, Agnes (Ángela Ibañez) que es una persona sorda,  entra en escena asustada, desorientada, desesperada… Pero gracias a que aparece Ronald (David Blanco) que también habla LSE, puede empezar a comunicarse, y esto le tranquiliza.

A través de ellos dos, la lengua de signos está presente, de manera muy poética en prácticamente la totalidad de la obra.

También hay que resaltar la empatía que genera la obra, los espectadores tienen una percepción parcial dado que, por ejemplo, en ocasiones algunos diálogos sólo los podemos seguir si conocemos la lengua de signos.

Frutos

La formación y las vidas que hay detrás de los actores de Cáscaras son muy variadas. Hay algunos que sí se dedicaban al teatro de manera profesional, en cambio, para otros, quizá este ha sido su lanzamiento. Para estos últimos es especialmente relevante el impulso vital que esta obra les proporciona.

Seis desconocidos con vidas muy diferentes, unos más “normalizadas” que otros, que ahora se han convertido en una familia y llevan la obra a distintas partes de España y de Europa.

Paul, Ronald, Lotte, Heyde, Hans y Agnes.

No os olvidamos. Ni a vosotros ni al resto de víctimas inocentes.

Ficha técnica de Cáscaras Vacías

Texto y dirección Magda Labarga y Laila Ripoll
Escenografía José Luis Raymond
Iluminación Juanjo Llorens
Vestuario Almudena Rodríguez Huertas
Vídeo Emilio Valenzuela
Coreografía David Blanco
Composición musical Sonia Megías
Ilustraciones Raúl Aguirre
Diseño cartel BYG / Isidro Ferrer
Fotos MarcosGpunto
Reparto Natalia Abascal, Raúl Aguirre, David Blanco, Patty Bonet, Ángela Ibáñez y Jesús Vidal.

Coproducción centro Dramático Nacional y LAZONA

Colabora: Fundación Universia, Plena Inclusión Madrid, 33% Cultura sin límites y Fundación Once.

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